Por Carlos Sánchez Luna
Hace aproximadamente un año el artista Guillermo Vargas Habacuc presentó en Honduras una obra en la que se podía ver un perro muriendo de inanición. Casi al mismo tiempo en Buenos Aires se lanzó una campaña promocional del Museo del Holocausto, en la que se podían ver fotografías tomadas por nazis a judíos en los campos de concentración, bajo la premisa: "un museo, nada de arte". Entonces, ¿acaso la especie o la cantidad hace al arte? ¿O será que el mundo se volvió tan violento que podemos llegar a tomar una de estas expresiones como arte? Estas muestras plantean la pregunta de qué es arte y qué no lo es. Luego de infinitas discusiones con muchísima gente de todos los ámbitos posibles, uno puede llegar a la conclusión de que el arte debería ser algo que muestra lo que rodea al mundo del artista y lo presenta desde su punto de vista, algo que no debería importunar o generar malestar al espectador. En pocas palabras algo "bello" y "significativo".
Durante los últimos años el arte –no pienso contar el teatro y el cine, ya que la diferencia es muchísimo más pronunciada-- sufrió infinitas mutaciones, lo que hace que no exista una expresión pura y genuina. Todo lo que un artista puede llegar a producir lo hace esperando una respuesta del público. En tiempos de los mecenas, el artista “trabajaba” por la aprobación de las clases más altas y esto no cambió. En la actualidad, los artistas “trabajan” muchísimo más que sus predecesores ya que deben vender su mirada del mundo al mejor postor, se transformaron en mercenarios. Los mecenas también dejaron de ser reyes o condes que querían un retrato en el que se viera su poderío. Ahora sólo son snobs que buscan una pintura “rara” para colgar en sus despachos, algo que nadie entienda y parezca importante. Pero ya que el espíritu artístico tiene algo de revolucionario, los artistas contemporáneos decidieron escupir en la cara de sus amos, y de la peor manera posible. Intentan presentar el mundo decadente en el que viven. Pero, lamentablemente, no de la mejor manera posible. Hace mucho que los tiempos de intentar de mostrar que el mundo podría llegar a ser mejor quedaron atrás.
Parece que el problema del arte actual radica en que muchos de los artistas –si se los puede llamar así—sólo intentan shockear al espectador, hacerlos pasar un momento desagradable en pos de que este ultimo reflexione sobre algo, que muchas veces, ni el propio artista sabe. Cuando se observa una fotografía o una pintura actual, sólo se puede ver la mano, el ojo perturbado de alguien que no quiere pertenecer a esta especie. Sólo trata de denunciar los males del mundo creando nuevos, destruyendo construcciones bellas, afeando lo que en algún momento pudo considerarse bello. Esto supone que la línea entre el arte y el periodismo se borró. El periodista tomó el lugar del artista-denunciante y, desde ese punto se puso como meta hacer de su producto algo degenerativo y a cambio pide que el espectador solo vea y reaccione.
Viendo la muestra de la World Press Photo, uno puede tener una idea de la magnitud que llegó a alcanzar en periodismo amarillista –fotografía de un hombre sosteniendo a otro con un disparo en la cabeza titulada “Victima de la represión durante una marcha de orgullo gay”—; parece que pronto una página del diario Crónica aparecerá en galerías de arte. Sin mencionar a los artistas como David Lachappele, y sus fotografías de famosos en situaciones que les son completamente ajenas, que lo único que pueden expresar es un cholulismo de proporciones alarmantes.
¿Dónde quedaron los Cartier-Bresson, los Capa? Ellos sabían muy bien que estaban fotografiando un mundo perdido en guerras, pero aun así podían darse el lujo de demostrar que, aunque el mundo se hundía en la depresión (ya sea moral o económica) cabía la posibilidad de una imagen hermosa, de algo que pudiera destacar que esa gente no moría por que sí, que moría por una causa, por algo que era más grande que ellos mismos. De esta manera la imagen que se podía lograr de ellos era o puede ser considerada “arte”.
El advenimiento de Internet también asestó un golpe mortífero a la forma de esparcir arte (sobre todo fotografías) a lo largo y ancho del mundo. Cada vez son más las páginas web que se dedican a difundir los trabajos de miles de artistas que intentan abrirse camino. La desventaja es que crean pequeñas tribus virtuales de gente que se muestra y critica su trabajo; en la mayor parte de los casos es siempre la misma gente la que entra en estos espacios para ver las obras de sus amigos. Esto impide un movimiento en el verdadero sentido de la palabra; muchos artistas que exponen en Internet se contentan con uno o dos comentarios y que a sus amigos les haya gustado lo que ha producido. Es verdad que la promoción de un sitio web es mucho más barata y de mayor llegada que una exposición en una galería; pero, también sucede que, aunque el número de espectadores que entra a una pagina de Internet sea mayor, es mucho más fácil hacer clic en la cruz roja de la parte superior de la ventana.
Se está haciendo cada vez más difícil encontrar obras “buenas” y que echen una bocanada de aire fresco a un “mercado” tan asfixiante como el actual; conlleva un arduo trabajo de parte de los espectadores poder localizar estos artistas que se mueven como fantasmas por una casa en ruinas. Sin embargo, todavía en nuestros días es posible deslumbrarse con la mirada de alguien que puede ver el Más Allá en casi cualquier cosa.
Hace aproximadamente un año el artista Guillermo Vargas Habacuc presentó en Honduras una obra en la que se podía ver un perro muriendo de inanición. Casi al mismo tiempo en Buenos Aires se lanzó una campaña promocional del Museo del Holocausto, en la que se podían ver fotografías tomadas por nazis a judíos en los campos de concentración, bajo la premisa: "un museo, nada de arte". Entonces, ¿acaso la especie o la cantidad hace al arte? ¿O será que el mundo se volvió tan violento que podemos llegar a tomar una de estas expresiones como arte? Estas muestras plantean la pregunta de qué es arte y qué no lo es. Luego de infinitas discusiones con muchísima gente de todos los ámbitos posibles, uno puede llegar a la conclusión de que el arte debería ser algo que muestra lo que rodea al mundo del artista y lo presenta desde su punto de vista, algo que no debería importunar o generar malestar al espectador. En pocas palabras algo "bello" y "significativo".
Durante los últimos años el arte –no pienso contar el teatro y el cine, ya que la diferencia es muchísimo más pronunciada-- sufrió infinitas mutaciones, lo que hace que no exista una expresión pura y genuina. Todo lo que un artista puede llegar a producir lo hace esperando una respuesta del público. En tiempos de los mecenas, el artista “trabajaba” por la aprobación de las clases más altas y esto no cambió. En la actualidad, los artistas “trabajan” muchísimo más que sus predecesores ya que deben vender su mirada del mundo al mejor postor, se transformaron en mercenarios. Los mecenas también dejaron de ser reyes o condes que querían un retrato en el que se viera su poderío. Ahora sólo son snobs que buscan una pintura “rara” para colgar en sus despachos, algo que nadie entienda y parezca importante. Pero ya que el espíritu artístico tiene algo de revolucionario, los artistas contemporáneos decidieron escupir en la cara de sus amos, y de la peor manera posible. Intentan presentar el mundo decadente en el que viven. Pero, lamentablemente, no de la mejor manera posible. Hace mucho que los tiempos de intentar de mostrar que el mundo podría llegar a ser mejor quedaron atrás.
Parece que el problema del arte actual radica en que muchos de los artistas –si se los puede llamar así—sólo intentan shockear al espectador, hacerlos pasar un momento desagradable en pos de que este ultimo reflexione sobre algo, que muchas veces, ni el propio artista sabe. Cuando se observa una fotografía o una pintura actual, sólo se puede ver la mano, el ojo perturbado de alguien que no quiere pertenecer a esta especie. Sólo trata de denunciar los males del mundo creando nuevos, destruyendo construcciones bellas, afeando lo que en algún momento pudo considerarse bello. Esto supone que la línea entre el arte y el periodismo se borró. El periodista tomó el lugar del artista-denunciante y, desde ese punto se puso como meta hacer de su producto algo degenerativo y a cambio pide que el espectador solo vea y reaccione.
Viendo la muestra de la World Press Photo, uno puede tener una idea de la magnitud que llegó a alcanzar en periodismo amarillista –fotografía de un hombre sosteniendo a otro con un disparo en la cabeza titulada “Victima de la represión durante una marcha de orgullo gay”—; parece que pronto una página del diario Crónica aparecerá en galerías de arte. Sin mencionar a los artistas como David Lachappele, y sus fotografías de famosos en situaciones que les son completamente ajenas, que lo único que pueden expresar es un cholulismo de proporciones alarmantes.
¿Dónde quedaron los Cartier-Bresson, los Capa? Ellos sabían muy bien que estaban fotografiando un mundo perdido en guerras, pero aun así podían darse el lujo de demostrar que, aunque el mundo se hundía en la depresión (ya sea moral o económica) cabía la posibilidad de una imagen hermosa, de algo que pudiera destacar que esa gente no moría por que sí, que moría por una causa, por algo que era más grande que ellos mismos. De esta manera la imagen que se podía lograr de ellos era o puede ser considerada “arte”.
El advenimiento de Internet también asestó un golpe mortífero a la forma de esparcir arte (sobre todo fotografías) a lo largo y ancho del mundo. Cada vez son más las páginas web que se dedican a difundir los trabajos de miles de artistas que intentan abrirse camino. La desventaja es que crean pequeñas tribus virtuales de gente que se muestra y critica su trabajo; en la mayor parte de los casos es siempre la misma gente la que entra en estos espacios para ver las obras de sus amigos. Esto impide un movimiento en el verdadero sentido de la palabra; muchos artistas que exponen en Internet se contentan con uno o dos comentarios y que a sus amigos les haya gustado lo que ha producido. Es verdad que la promoción de un sitio web es mucho más barata y de mayor llegada que una exposición en una galería; pero, también sucede que, aunque el número de espectadores que entra a una pagina de Internet sea mayor, es mucho más fácil hacer clic en la cruz roja de la parte superior de la ventana.
Se está haciendo cada vez más difícil encontrar obras “buenas” y que echen una bocanada de aire fresco a un “mercado” tan asfixiante como el actual; conlleva un arduo trabajo de parte de los espectadores poder localizar estos artistas que se mueven como fantasmas por una casa en ruinas. Sin embargo, todavía en nuestros días es posible deslumbrarse con la mirada de alguien que puede ver el Más Allá en casi cualquier cosa.
0 comentarios :: Señor, su perro ensucia la galería
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