Leonardo Flores
El destino se encuentra en un idioma efímero
Leonardo Flores nació durante la primavera del 77. Quizá no vivió lo que todos piensan.
Pero su poesía refleja lo que fue la decadencia de fin del milenio guiada por el hábito del vacío ilimitado de las cuestiones humanas.
El poeta es un buscador, quiere lo auténtico, cansado ya de lo artificial y lo imitativo, pero cuanto más pierde en su búsqueda más encuentra en el vacío.
¿El resultado?... Poesía.
Este círculo cerrado, cíclico, es la excusa perfecta para desandar en el camino el resultado más certero y fiel cuya consecuencia destrona hasta al mejor de los conocimientos.
Para ser más concretos: el poeta debe tomar la cabeza del lector con suavidad y con gran sutileza desgarrarla del entero del cuerpo, elevarla en un viaje celestial y dejarla reposar tiernamente en las nuevas constelaciones tan anheladas.
Señores, he aquí la poesía en todo su esplendor, el deleite de la condición humana que brota de las grietas de este mundo.
La claridad de los días no se extiende tan seguido como en otras
épocas.
Al vidrio opacado, la ventana callada y silenciosa.
Recostado, venero cómo el viento salpica las hojas de los árboles
torturados.
Allí la calle.
Aquí se embriaga el humo de mi cigarrillo con el vacío de la sala.
En el momento del salto
cuando la mirada gotea
se ejerce fuerza, una combustión.
Un encuentro afortunado entre dos posibles semi-dioses.
¿Qué incógnita debo seguir?
Con este ropaje a lentejuelas.
Con las noches colgando de mi lengua
Afrodita me promete un beso.
En temporadas exigentes
la verdad resiste
gana el ego.
Y como en un sueño
el cielo se desgasta en el encanto.
Como una ruptura sincronizada
dios aparece.
En una cumbre inalcanzable.
El destino se encuentra en un idioma efímero
como un símbolo o una guerra.
Intenta recalar sobre nosotros.
Evita la sonrisa de lo descuidado
pero no aquieta sus paredes.
En la melancolía de un niño se rueda una película
y transcurre en el mismo idioma.
A José Luis...
Una pérdida trascendental de estas características no puede pasar desapercibida.
Desde este punto del tiempo donde la humanidad busca desesperadamente sus líderes, la brújula, el camino, la guía o como se denomine a esa clase de personas que son de una grandeza ilimitada y que le pelean, palmo a palmo, al de arriba con altura y semejanza.
El cartelito de imprescindible como motor y fuerza única que alimenta a sus hijos desamparados. El vacío es inmenso como un planeta y proclama por misericordia.
Nos queda el ejemplo, la posta, para tomarla y seguir adelante con todo esto, que más hubiera querido el después de tantos años de lucha por un mundo mejor, repleto de poesía.
Gracias José Luis Mangieri, gracias por dejar el pasillo con la luz prendida para no perder el camino, muchas gracias.
Para más Leonardo Flores:
Criaturas de la Noche, (2003) Libros de la Tierra Firme
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